Las mismas dan resultados probados porque están demostradas empíricamente, siendo el resultado de una labor de investigación científica basada en las conclusiones de centenares de estudios que han realizado una experimentación rigurosa con miles de personas.
Concretamente, las técnicas aplicadas están basadas en la ciencia del bienestar subjetivo, la psicología (cognitiva, conductual, positiva, etc.), la neurociencia, la medicina y en otras áreas de la ciencia. La calidad y rigor técnico han sido comprobados por más de 50 expertos. Para saber más sobre la labor de investigación científica del Instituto del Bienestar, puedes hacer clic aquí.
Con el tiempo (de forma gradual ya desde las primeras semanas o meses, pero sobre todo a medio plazo) y si trabajamos de forma perseverante en estas técnicas podemos llegar a generar cambios profundos en el funcionamiento de nuestro cerebro y en su estructura bioquímica, dejando de usar progresivamente las partes del cerebro relacionadas con el malestar y pasando a utilizar más intensivamente aquellas partes asociadas con el bienestar, de modo que cada vez tendremos más emociones desagradables y menos desagradables. Y no sólo mejoramos nuestra felicidad, sino también la de nuestros hijos, pues los niños tienden a interiorizar y reproducir las pautas que captan a su alrededor.