El estrés agudo es la forma de estrés más común y se manifiesta cuando la persona es expuesta a un acontecimiento traumático en el que experimenta, presencia o le explican uno (o más) acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás (catástrofes naturales, accidentes, guerras, violación, torturas, diagnóstico de enfermedades potencialmente mortales, etc.) o bien un cambio brusco del entorno social (pérdida repentina de familiares, secuestros o encarcelamientos). La persona responde a estos acontecimientos con un temor, una desesperanza o un horror intensos, pero cuya duración es inferior a un mes.
(5) Distraerse, por ejemplo desarrollando aficiones o practicando ejercicio físico.
(6) Gestionar los pensamientos desagradables asociados al trauma como por ejemplo “Mi vida no será la misma” o “No me siento seguro”. Más información sobre la gestión de los pensamientos desagradables.
(7) Exponernos al hecho traumático (ver exposición)
Si a pesar de aplicar estas técnicas continuamos sin recuperarnos del trauma sufrido, podemos recurrir a un especialista, que aplicará una terapia del tipo cognitivo-conductual.