Las personas que se sienten atrapadas en una vida con poca libertad son aquéllas que tienen algún tipo de dificultad interna o externa para expresar y poner en práctica sus pensamientos, sentimientos y deseos. Estas situaciones pueden producirse porque dependamos de alguien (jerarquía laboral, familiar o social) o porque no tengamos suficientes recursos (psicológicos, físicos o económicos) para salir de las mismas. Algunos ejemplos de poca libertad son la dependencia familiar, carecer de ingresos suficientes, no poder estudiar, no tener opción a cambiar de trabajo o no poder expresar libremente nuestros pensamientos, sentimientos e ideología.
Soluciones
Las principales soluciones son:
(1) Repartir las responsabilidades entre los diferentes miembros de la familia
(2) Informarse sobre las ayudas estatales, por ejemplo en temas de cuidado de personas dependientes o de monoparentalidad.
(3) Desarrollar la asertividad, lo que implica decir “No” cuando los demás quieran sobrecargarnos de trabajo, obligaciones o responsabilidades.
(4) No renunciar al derecho a decidir sobre la propia vida, el propio cuerpo y los acontecimientos en general.
(5) No dejarse llevar por los sentimientos negativos, como la tristeza, la sensación de impotencia o la desesperanza, ya que esto sólo contribuirá a empeorar nuestra situación. Más información sobre la gestión de los pensamientos desagradables.
(6) Expresarnos abiertamente, por ejemplo anotando en un diario nuestras impresiones más íntimas o depositando en alguien nuestros miedos e inquietudes.