¿Qué ha demostrado la ciencia sobre la felicidad?

          La ciencia ha demostrado que el bienestar y la felicidad dependen de: – La genética, que juega un papel significativo, pero no decisivo. – Las circunstancias personales, que influyen relativamente poco en la felicidad de las personas, contrariamente a lo que mucha gente piensa. – El desarrollo de la habilidad de ser feliz, que puede ser decisivo.

Nuestra genética juega un papel importante en nuestra felicidad, pero no decisivo. A quien genéticamente está dotado con una personalidad que tiende a estar animado y de buen humor o a la tranquilidad le resulta más fácil ser feliz que a quien no la tiene.

En cambio, las circunstancias personales, como lo guapo o lo rico que somos o el clima del lugar donde vivimos, tienen poca incidencia sobre el nivel de felicidad de la mayoría de personas, tal como han probado diversos estudios científicos, según los cuales menos del 10% de nuestra felicidad depende de dichas circunstancias externas. Si nos toca la lotería o tenemos un accidente ello suele variar nuestro nivel de bienestar temporalmente, pero al cabo de unos meses solemos volver al nivel que teníamos antes de que cambiasen nuestras circunstancias.

La mala noticia es que no podemos cambiar nuestra genética y que sobre nuestras circunstancias tenemos un control solamente parcial. Si tomamos las decisiones adecuadas y realizamos las acciones convenientes podemos cambiar parte de nuestras circunstancias, como aumentar nuestros ingresos, superar determinados accidentes o cambiar nuestro lugar de residencia, pero algunas circunstancias, como el envejecimiento o ciertas catástrofes naturales, no se pueden evitar.

La buena noticia es que todo lo anterior no es determinante, ya que tenemos un gran margen de acción y sí podemos desarrollar nuestra habilidad de ser feliz, que consiste en aquellos estilos de pensar, sentir, tener conciencia, comportarnos, expresarnos corporalmente y gestionar nuestras necesidades que nos hacen sentir bien.

A base de práctica podemos cambiar nuestro propio cerebro, desarrollando la activación e incluso el tamaño de las zonas del cerebro relacionadas con el bienestar. Actualmente existe una evidencia científica abrumadora de esa “neuroplasticidad” y de que el cerebro humano cambia continuamente como consecuencia de la experiencia. Estudios con imágenes por resonancia magnética han probado que las personas que tienen muchas horas de entrenamiento en determinadas técnicas para desarrollar la habilidad de ser feliz tienen mucho más activado el córtex prefrontal izquierdo (relacionado con sensaciones agradables) que las personas que no se han entrenado para ello.